Infancia Misionera 2026: «Tu vida, una misión»

“Tu vida, una misión” es el lema de la Jornada de Infancia Misionera que celebramos el domingo 18 de enero de 2026. Un día muy importante, en el que los niños están invitados a ayudar a los demás niños, especialmente a los que no tienen lo necesario para vivir o no conocen a Dios.

Todos somos misioneros, y podemos ayudarles con nuestra oración y nuestro dinero.

En el siguiente video, el aventurero Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo ha viajado hasta el Sáhara para conocer, junto al misionero Mario León Dorado, uno de los proyectos que esta Obra Pontificia sostiene cada año: el centro de discapacitados de Dajla, donde decenas de niños reciben atención y esperanza gracias a este apoyo.

Descubre más en https://infanciamisionera.es/

A la escucha de Comboni. Enero 2026

Comboni entendió que la oración no solo era un momento de conexión personal con Dios, sino el corazón que sostenía su misión. En medio de las dificultades, la oración fue el faro que lo guiaba y lo mantenía firme en su propósito.

Como familia comboniana, nos sentimos llamados a seguir su ejemplo, haciendo de la oración el motor de nuestra vida misionera, de nuestras decisiones y de nuestro servicio a los demás. Que cada momento de oración, por breve que sea, nos recuerde la importancia de ser luz y esperanza para aquellos que más lo necesitan.

Revistas Mundo Negro y Aguiluchos. Enero 2026

Este nuevo número de Mundo Negro quiere ser una invitación a mirar el continente con realismo y corazón misionero, celebrando a quienes trabajan por la dignidad humana y dando voz a quienes reclaman un mundo más justo.

Por oro lado, el número de enero de 𝐀𝐆𝐔𝐈𝐋𝐔𝐂𝐇𝐎𝐒 nos invita a descubrir que Jesús trae esperanza como un brote que crece y os recuerda que los niños también pueden ayudar a los demás.

Historia del mes: Mélida quiere ser enfermera y pide paz para el mundo en el nuevo año.

Mensaje: “Empieza el año haciendo el bien y llevando esperanza a todos.”

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Buenas noticias. Fiesta del Bautismo del Señor

Mateo 3,13-17

Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él

En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?» Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así lo que Dios quiere.» Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: «Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.»

EL ESPÍRITU BUENO DE DIOS

Jesús no es un hombre vacío ni disperso interiormente. No actúa por aquellas aldeas de Galilea de manera arbitraria ni movido por cualquier interés. Los evangelios dejan claro desde el principio que Jesús vive y actúa movido por «el Espíritu de Dios».

No quieren que se le confunda con cualquier «maestro de la ley», preocupado por introducir más orden en el comportamiento de Israel. No quieren que se le identifique con un falso profeta, dispuesto a buscar un equilibrio entre la religión del templo y el poder de Roma.

Los evangelistas quieren, además, que nadie lo equipare con el Bautista. Que nadie lo vea como un simple discípulo y colaborador de aquel gran profeta del desierto. Jesús es «el Hijo amado» de Dios. Sobre él «desciende» el Espíritu de Dios. Solo él puede «bautizar» con Espíritu Santo.

Según toda la tradición bíblica, el «Espíritu de Dios» es el aliento de Dios, que crea y sostiene la vida entera. La fuerza que Dios posee para renovar y transformar a los vivientes. Su energía amorosa que busca siempre lo mejor para sus hijos e hijas.

Por eso Jesús se siente enviado no a condenar, destruir o maldecir, sino a curar, construir y bendecir. El Espíritu de Dios lo conduce a potenciar y mejorar la vida. Lleno de ese «Espíritu» bueno de Dios, se dedica a liberar a la gente de «espíritus malignos», que no hacen sino dañar, esclavizar y deshumanizar.

Las primeras generaciones cristianas tenían muy claro lo que había sido Jesús. Así resumían el recuerdo que dejó grabado en sus seguidores: «Ungido por Dios con el Espíritu Santo… pasó por la vida haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él» (Hechos de los Apóstoles 10,38).

¿Qué «espíritu» nos anima hoy a los seguidores de Jesús? ¿Cuál es la «pasión» que mueve a su Iglesia? ¿Cuál es la «mística» que hace vivir y actuar a nuestras comunidades? ¿Qué estamos poniendo en el mundo? Si el Espíritu de Jesús está en nosotros, viviremos «curando» a oprimidos, deprimidos o reprimidos por el mal.

José Antonio Pagola